25 años no son nada, y si no que les pregunten a quienes, hace ahora un cuarto de siglo, se disponían a vivir uno de los acontecimientos que marcarían el devenir de la ciudad. El 20 de abril de 1992, la capital hispalense asistía a la gran fiesta que traería a la ciudad los mejores adelantos de la época. Y es que la Exposición Universal de Sevilla no sólo supuso un recuerdo de lo que Colón logró en América cinco siglos antes.

En medio de la convulsa situación que vivía en ese momento España, y también Sevilla, marcada por el temor al terrorismo, la Expo impulsó la economía de la ciudad y el prestigio de la misma.

Un total de 112 países, 17 comunidades autónomas y 23 organismos internacionales se dieron cita en una exposición universal que tuvo su primera inscripción de participación 5 años antes, en 1987, cuando la República Dominicana se comprometió tras la visita del entonces rey de España, Juan Carlos I.

 

Jornada organizada por eldiario.es/andalucia y Fundación Cajasol con motivo del 25 aniversario de la Exposición Universal de Sevilla

La fiesta cuyo protagonismo estuvo copado por un icónico Curro, el simpático pájaro de pico y cresta multicolor que marcó la infancia y adolescencia de los sevillanos, renovó el panorama de la capital dando origen a la Isla de la Cartuja, donde se ubicaron gran parte de los pabellones.

Pero no solo tuvo repercusión en cuanto a las infraestructuras, pues los 176 días que duró la Expo fueron el motivo por el que la ciudad cuenta en la actualidad con importantes construcciones como la A92, la nueva cara del aeropuerto, el AVE, la estación de Santa Justa o los 6 nuevos puentes que se crearon para la ocasión con el objetivo de unir las dos orillas del río.

En definitiva, la Expo’92 fue un gran acontecimiento que no sólo será recordado por los más de 40 millones de personas que visitaron el recinto. Sino también por los que ahora, con 25 años más, celebrarán el cuarto de siglo con eventos varios a partir de este jueves -justo cuando se celebra el aniversario- como el guiño del cupón en la ONCE en este día, la cobertura especial en la televisión autonómica, la controvertida portada de la Feria de Abril o la exposición de objetos conmemorativos de la Expo que podrá visitarse en el Pabellón de la Navegación hasta el 12 de octubre de este año.

Carmen Castreño, teniente de alcalde del Ayuntamiento de Sevilla, ha recordado que fueron dos las exposiciones que cambiaron la faz de Sevilla en el siglo XX: la iberoamericana de 1929 y la universal de 1992. “No puede transcurrir tanto tiempo, entre futuro y futuro para Sevilla. Fue extraordinario lo que se hizo. Sevilla aprovechó para convertir la Isla de la Cartuja en un lugar puntero en economía, investigación y en innovación. Allí hay más de 400 empresas, la Universidad y el CSIC”.

Manuel Jiménez Barrios, vicepresidente de la Junta de Andalucía, ha señalado que la Expo 92 “puso a Sevilla y Andalucía en el mundo, de manera muy considerable. Se dio un salto muy importante para posibilitar donde estamos ahora”. Barrios ha recordado que la Cartuja forma parte de una red de centros tecnológicos andaluces, donde se pone en en juego la cualificación de científicos y técnicos andaluces, algo que considera fundamental, ha dicho, para luchar contra los efectos de la crisis y las desigualdades económicas territoriales. Es importante que “la cualificación revierta en el territorio”.

Durante seis meses, la capital hispalense se situó como en el escaparate desde el que más de un centenar de países, organizaciones internacionales, instituciones y empresas mostraron al mundo lo mejor de sí mismos. Un escaparate cultural, turístico, gastronómico… pero, sobre todo, de futuro. La Expo 92 convirtió a la Isla de la Cartuja en un auténtico laboratorio en el que se presentaron y ensayaron tecnologías y experiencias que a día de hoy, más de dos décadas después, aún están en proceso de generalización en el conjunto del planeta.

En la mesa de reflexión posterior a la apertura participan Emilio Cassinello Aubán, embajador y diplomático, hoy director general del Centro Internacional de Toledo para la paz (CITPAX), que fue Presidente del Consejo de Administración de EXPO’92, S.A. y Comisario General de la Exposición Universal de Sevilla

Isla Ramos Chaves (Granada, 1971) se incorporó a IBM en enero de 1995 como directora de Cuentas (Software Account Manager) de la recién creada división de Software de la compañía, y en diciembre de 2004, tras el anuncio de la adquisición de la división de PCs por parte de Lenovo, Isla Ramos asumió la responsabilidad de llevar a cabo la transición para la creación de la nueva compañía en España y hoy es directora ejecutiva de Lenovo para el segmento Midmarket, Enterprise & Public Sector en EMEA (Europe, the Middle East and Africa). 

María Jesús Almazor Marsal ocupa, desde 2012, el cargo de Directora en el Territorio Sur de Telefónica, la compañía en la que ha venido desarrollando su carrera profesional. Y Ana Belén Hungría,  profesora e investigadora de la Universidad de Cádiz, galardonada dentro del Programa L’Oreal- UNESCO “For women in Science” y especialista en combustibles del futuro.

LOS VISITANTES MÁS ILUSTRES

Durante seis meses, la Expo 92 mostró una imagen de España moderna, más dinámica, fuera de los tópicos y de la imagen de pandereta. Fue, sin lugar a dudas, la mejor puesta en escena de la marca España, una operación de imagen internacional que nos devolvió a la escena internacional, como reconoce Jesús Silva, quien fue miembro del comité organizador de la Expo 92, recientemente nombrado embajador del país en Venezuela. El 92 fue un año mágico, España estaba en boca de todo el mundo y hasta aquí llegaron jefes de Estado, presidentes de Gobierno, monarcas de todo el mundo, expolíticos… cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo. Desde Lady Di en plena crisis matrimonial al príncipe Naruhito, pasando por Fidel Castro, François Miterrand o Mijail Gorbachov, la isla de la Cartuja se convirtió durante seis meses en la cancillería española.

 

Políticos y monarcas de todo el mundo visitaron la Expo 92 los días dedicados a sus países, aunque algunos hicieron visita privadas días después. Emilio Casinello, comisario general de la Expo 92, estuvo siempre ahí para recibirlos, aunque la familia real española dio la bienvenida también a miembros de monarquías que visitaron la Muestra Universal. El servicio de Protocolo de la Expo 92 echaba humo, ya que cada 24 horas llegaban nuevos jefes de estado o monarcas. Esos personajes se convirtieron también en un importante foco de atracción de visitantes de la Expo 92, que se apostaban en las puertas de los pabellones para ver a Carolina de Mónaco o Lady Di.

Monarquías

Una de las primeras casas reales europeas en visitar la Expo 92 fue la holandesa. La Reina Beatriz de Holanda presidió los actos del día nacional de su país con su esposo, el príncipe Klaus. El rey Harald V y la reina Sonia de Noruega también aterrizaron en Sevilla para el día nacional de su país en la Expo 92, si bien visitaron otros muchos pabellones, como los de Finlandia, Dinamarca o el COI.

 

En junio de 1992 llegaron a la Cartuja los soberanos suecos, los reyes Carlos Gustavo y Silvia de Suecia, que fueron recibidos por más de 2.000 suecos. Estuvieron en Sevilla tres días, lo que les permitió visitar numerosos pabellones e incluso asistir a la ópera María Stuardo en el Teatro de la Maestranza. El rey Carlos Gustavo volvió dos meses después acompañado de sus hijos: la princesa heredera Victoria, el príncipe Carlos Felipe y la princesa Magdalena.

Presidió el Día Nacional del Bélgica en la Expo 92 Felipe de Lieja, que entonces era heredero de la corona belga, permaneciendo después unos días en Sevilla en visita privada. No obstante los reyes de Bélgica visitaron finalmente la Muestra Universal de Sevilla a final de agosto. Balduino y Fabiola hicieron una visita privada, aunque el público terminó reconociéndoles.

Los reyes de Dinamarca tampoco quisieron perderse la Exposición Universal y en septiembre de 1992 acudieron a Sevilla a bordo del yate real Dannebrog. La reina Margarita de Dinamarca y su esposo, el príncipe Enrique, participaron en los actos del día de honor de su país en la Cartuja, acudiendo además al Archivo de Indias y a la exposición Magna Hispalensis en la Catedral de Sevilla. En mayo de 1992 acudieron al día de Luxemburgo sus altezas reales el Gran Duque Juan y la gran duquesa Josefina Carlota.

Pero de todas las monarquías europeas, sin duda las de Reino Unido y Mónaco fueron las que más impacto mediático tuvieron. En mayo de 1992, en plena crisis matrimonial, el príncipe heredero de la corona británica, Carlos de Inglaterra, llegó acompañado de la princesa de Gales. Durante su visita, Lady Di se puso a llorar en uno de los autobuses que la trasladaban. Teresa Otero, directora de Días Nacionales en la Expo, no pudo hacer otra cosa que ofrecerle un pañuelo que llevaba en el bolso, pañuelo que le devolvió al día siguiente «lavado y planchado.

 

Por su parte, Carolina de Mónaco eclipsó las visitas que hizo su padre, el príncipe Rainiero, y su hermano, el príncipe Alberto. En mayo de 1992 la princesa realizó en Sevilla su primera visita oficial guiada tras la muerte de su marido Stefano Casiraghi en 1990.

En lo que se refiere a casas reales no europeas, la hija mayor de los reyes de Tailandia, la princesa Maha Chakri presidió el día de honor de su país, mientras que el entonces príncipe heredero de Jordania, Hassan Ibn Tatal, estuvo en la Expo 92 acompañado de su esposa, la princesa Sarvath.

El día de honor de Marruecos estuvo presidido por el hijo menor del rey Hassan II, el príncipe Moulay Rachil, cuya visita estuvo amenizada por las orquesta de las Reales Fuerzas Aéreas de Marruecos. En julio estuvo en la Cartuja el príncipe heredero del Japón, Naruhito, y en septiembre de 1992 acudió a la Expo la ex-emperatriz de Irán, Farah Diba, quien recorrió la Cartuja en una visita privada.

Jefes de estado y presidentes de Gobierno

Jefes de estado y presidentes de gobiernos de todo el mundo presidieron los días de honor de sus países en la Expo 92. Entre ellos, el que fuera presidente francés François Miterrand, acompañado de su entonces esposa, Danielle. También los presidentes de la Comisión Europea Jacques Delors y de Portugal Mario Soares visitaron la isla de la Cartuja en 1992.

Lech Walesa, presidente polaco, fue de los primeros en llegar a la Expo 92, muestra que también visitó el presidente alemán Richard Von Weissacker. Yelio Yelev, el primer presidente de Bulgaria elegido por sufragio directo, presidió el día nacional de su país en la Muestra, al igual que hizo el presidente de Guatemala, Jorge Serrano. Otros presidentes que acudieron a la Expo 92 fueron el de Grecia, Konstantinos Mitsotakis; el austriaco, Thomas Kestil; el italiano, Oscar Luigi Scalfaro o el de Nueva Zelanda, James Bolger.

La II Cumbre Iberoamericana celebraba en julio de 1992 en Sevilla

Uno de los políticos que más expectación creó en la 92 fue Mijail Gorbachov, expresidente de la Unión Soviética, al que recibieron a gritos de «torero, torero» en plena «Gorbimanía». El día de honor de Cuba no vino Fidel Castro, que sí lo hizo cuando durante la Expo 92 se celebró en Sevilla la II Cumbre Iberoamericana. A esa cumbre asistieron también el entonces presidente de Argentina, Carlos Menem, acompañado de su hija Zulema; la presidenta de Nicaragua, Violeta Chamorro; el de México; Carlos Salinas o el de uruguay, Luis Alberto Lacalle.

 

 

Así eran y así están los pabellones de la Expo 92 de Sevilla

 

¿Qué queda de la Expo 92 de Sevilla? 25 años después de su inauguración, el recinto de La Cartuja continúa siendo el teatro de los sueños –algunos cumplidos y otros ya rotos que se atesoran en el desván de la memoria colectiva–para el que fue concebido. Pabellones efímeros, siempre recordados como el de Japón; otros que continúan en pleno uso como el de Marruecos o Italia y nuevos espacios de innata vocación científica conviven con otros entornos de la isla abandonados, donde la maleza y el despilfarro cabalgan todavía sin remedio.

Esta fue una muestra universal, aquella que situó a España en el mapa moderno, la primera que se organizaba en el mundo tras la de 1970 de Osaka. Y en Sevilla tuvo que ser, una ciudad clásica, la que representa la esencia de los valores tradicionales españoles. La capital andaluza se transformó durante medio año en un oasis de tecnología punta que mostraba ocho años antes del fin de la centuria los últimos avances y lo que ya se adivinaba del siglo XXI: fibra óptica, 3D, alta definición, pantallas táctiles…

En la cafetería del recién estrenado Caixa Fórum, junto al rascacielos de Torre Sevilla diseñada por César Pelli, se reúnen cuatro jóvenes amantes de un recinto que dos conocieron en edad adolescente: otro tenía cuatro años y al más joven aún le faltaba un lustro para nacer. Son los representantes de la Asociación Legado Expo, que ejerce de motor nostálgico de la muestra universal.

Sevilla fue concebida como una Exposición Universal que readaptaba infraestructuras utilizadas, pero no se pensó un uso para todos los espacios. Aún así se conservan 32 pabellones de los 102 que hubo. Estaba previsto que fueran diez los que sobrevivieran al 12 de octubre de 1992, la fecha de clausura.

Una de las grandes ventajas del recinto, de 650.000 metros cuadrados de superficie construida y que recibió a 42 millones de visitantes, es cómo se convirtió en un polo de innovación con una red de fibra óptica y de comunicaciones, aire acondicionado y una red de agua propias aprovechando la vecindad del río Guadalquivir.

Se conservan 32 de los 102 pabellones que hubo

Tras la Expo se pensaba que la Cartuja sería un espacio idílico, futurista, como lo que fue durante los seis meses que duró la muestra. No fue así. La crisis de 1993 y 1994 ralentizó el empuje del proyecto de Cartuja 93, el parque científico y tecnológico que aprovechó las infraestructuras existentes, además del entorno creado con el Teatro Central, el Pabellón de la Navegación y el CAC (Centro de Arte Contemporáneo) como triple eje cultural de la isla, aparte del de ocio con Isla Mágica, el parque de atracciones construido sobre la mayor parte de la superficie del Lago, donde cada noche de la Expo se disfrutaba de un espectáculo, o la Plaza Sony donde se siguen celebrando conciertos al aire libre.

La Cartuja, que no es un distrito independiente y pertenece al histórico de Triana, sigue sin tener viviendas. Es lo único que le hace falta: hay farmacias, escuelas infantiles, kioscos… El PGOU de la ciudad no las contempla. Una década antes de proyectarse la Expo se planteó un área de expansión urbanística de la ciudad rodeando el Monasterio de la Cartuja, que se convirtió en el símbolo histórico de la Expo (la era de los Descubrimientos), porque allí fue donde Cristóbal Colón preparó su viaje a América. No se hizo y sigue sin contemplarse, con la única excepción de viviendas para estudiantes e investigadores, pero el proyecto (si se llega a aprobar) aún no está maduro.

“No podemos pensar en la Cartuja sólo como un espacio de trabajo o empresarial; hay que abrirla a la ciudadanía o al turismo. Yo soy estudiante de ingeniería de Caminos [Ingenierías y Comunicación son las dos únicas facultades que hay en la isla] y cuando salgo de clase a las 21 horas todo está muerto, no hay nadie”, lamenta Jaime Sierra, el benjamín de la asociación Legado Expo, y que atesora un conocimiento enciclopédico de lo que es y fue el recinto.

 

Lo que no se entiende, aporta Alberto Martín, vicepresidente del Legado, de 40 años, que ya en 1989 iba todos los domingos en autobús a ver cómo iban las obras, es que el parque tecnológico está vallado completamente. “Eso limita la interacción con la ciudad. Si lo quitaran se podría percibir desde fuera que es más accesible y te invitaría a pasear”. “Muchas veces el turista se ve perdido y no pasa más allá del canal o ahora del Caixa Fórum”, indica Ramón López, comisario de la exposición que se organiza para celebrar los 25 años.

Rafael Ruiz, arquitecto, valora el legado que supone pabellones como el de Hungría, en riesgo de desaparición. En la puerta un anuncio de Magnum con Eva Longoria ¿Fue un despilfarro la Expo? En la asociación son optimistas: “Para la repercusión y éxito organizativo que resultó y lo que nos dejó luego no fue demasiado costosa”. En la muestra trabajaron 150.000 empleados y el volumen de negocio alcanzó los 300.000 millones de pesetas sólo en Sevilla y su provincia. El Tribunal de Cuentas certificó que la muestra tuvo pérdidas económicas de 210 millones de euros.

Hay zonas que siguen descuidadas como el Pabellón de la Naturaleza. O el de los Descubrimientos, que se incendió unos meses antes de la Expo que estaba destinado a convertirse en el emblema y ahora está en ruina. El cine Omnimax cerró hace más de diez años. Y siguen instaladas las extensiones del telecabina por guerra de competencias entre la Junta y el Ayuntamiento. Los postes del telecabina y monorraíl estuvieron sin uso desde 1995 hasta 2006. “La gente dejó de usarlos, no era novedad y era muy caro de mantener. El error fue no haberlos quitado en 1992. Se dejó que la infraestructura se pudriera, se incendiara y eso creó una imagen de Cartuja abandonada que no se ajustaba a la realidad”, admite Martín, que se lamenta de cómo los vehículos invaden las aceras. Él es partidario de que exista una zona azul que regule los aparcamientos en este recinto de los sueños de futuro.