Los arqueólogos y restauradores han conseguido culminar la limpieza y consolidación de 3.200 monedas de bronce romanas halladas en 19 ánforas en Tomares el  27 de abril de 2016 las obras de acondicionamiento del parque periurbano de El Zaudín. También han logrado la catalogación de 2.850 de ellas y la fijación inicial del año 312 como fecha más temprana de “ocultación” del tesoro. No obstante, dicha fecha es sólo provisional, pues los científicos aún no han abierto las ánforas que fueron descubiertas intactas y cerradas y su contenido podría deparar novedades.

Así quedaba de relieve en la conferencia protagonizada hace pocos días en el Museo Arqueológico de Sevilla por el profesor de arqueología de la Universidad Hispalense Enrique García Vargas, quien forma parte del equipo de científicos que investiga este “tesoro” descubierto fortuitamente por unos operarios que trabajaban en elacondicionamiento del olivar de El Zaudín como parque público.

El hallazgo de estas 19 ánforas repletas de monedas de bronce constituye el mayor descubrimiento arqueológico de los últimos tiempos en la provincia de Sevilla y de los más importantes en el ámbito estatal, toda vez que su localización casual tuvo un impacto de carácter mundial al hacerse eco medios de comunicación de no pocos países.

A tal efecto, la conferencia celebrada el pasado sábado por el profesor de arqueología Enrique García Vargas estaba destinada a dar cuenta de los avances cosechados respecto al tratamiento e investigación de este denominado “tesoro de Tomares o del Zaudín”, destinado a ser incorporado a la colección permanente del Museo de Arqueología de Sevilla.

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“Ocultado intencionadamente”

En ese sentido, García Vargas explicaba que tras ser rescatadas las 19 ánforas del enclave del olivar de El Zaudín donde fueron descubiertas, una posterior excavación arqueológica del lugar supuso el hallazgo de 105 monedas más enterradas fuera de las ánforas, toda vez que el “tesoro” habría sido “ocultado intencionadamente” bajo el pavimento de cal de una “estructura rústica” que habría pertenecido a una explotación de carácter agrícola, extremo dilucidado gracias a los fragmentos de tejas, pavimentos y cerámica de mesa y de cocina hallados en este entorno.

Mientras las 19 ánforas y las 105 monedas descubiertas por separado en la citada excavación arqueológica sumarían más de 50.000 piezas monetarias, García Vargas detallaba que hasta el momento, han sido limpiadas y consolidadas unas 3.200 monedas y unas 2.850 de ellas han sido ya “catalogadas”. Al respecto, precisaba que la moneda más reciente correspondería al año 312 después de Cristo, con lo que, “el tesoro tuvo que ser enterrado después” del momento de ser acuñada y puesta en circulación dicha moneda.

No obstante, Enrique García Vargas avisaba de que la cronología del tesoro aún constituye un “problema” científico, porque las once ánforas que fueron descubiertas intactas y selladas aún no han sido abiertas por los investigadores y las monedas que contienen podrían deparar novedades en cuanto a la fecha más temprana de “ocultación” de este tesoro.

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La convulsa Tetrarquía romana

En cualquier caso, la cronología con la que trabajan los investigadores sitúa el tesoro en el periodo de la Tetrarquía del Bajo Imperio Romano, un sistema de gobierno instaurado por el emperador Diocleciano en el año 293 después de Cristo y marcado por la “conflictividad”, al ser dividido el poder entre dos augustos y dos césares hasta que en el año 313 el gobierno fue reunificado en torno al augusto Constantino.

De hecho, las monedas de este tesoro investigadas hasta ahora fueron acuñadas en diferentes cecas pertenecientes a ciudades del Imperio Romano “muy alejadas” entre sí, como Londres, Lyon, Roma o Treveris.

Precisamente por ello, García Vargas ponía de manifiesto que el “tesoro de Tomares” y sus más de 50.000 monedas de bronce pueden proporcionar una “enorme cantidad” de información sobre aspectos como el ritmo de las cecas a la hora de acuñar las monedas o la circulación de las mismas en el Imperio. Las piezas, según indicaba, suponen todo un “retrato de la verdadera circulación del bronce en aquel momento”.

Estas monedas, según destacaba este profesor de arqueología, constituyen además un gran “testimonio de una época muy conflictiva” del Imperio Romano, que aún pueden deparar novedades dada la “gran cantidad” de monedas del tesoro que aún están pendientes de ser investigadas.