Julio Oliva

Se acerca vertiginosamente el peligroso momento de recibir felicitaciones… “de Navidad”.

Peligroso porque cada vez me encuentro con más variedad de interpretaciones y denominaciones de la festividad que se acerca: “feliz entrada del invierno”, “felices fiestas”, “felices saturnales”

No, amigo. Me encanta que seas el moderno de tu bloque, y me encanta que seas amigo mío, y me encantan tus pensamientos y tus libertades, pero… no me felicitaste en el solsticio de verano, ni en los equinoccios de primavera u otoño (con lo que me gusta el otoño…). Tampoco me felicitaste cuando llegó la Feria, que es fiesta en Sevilla y todos queremos que sea una fiesta feliz; ni en Semana Santa, ni el día de la Virgen de los Reyes ni el de la Inmaculada… fiestas todas ellas muy sevillanas. Y por supuesto, no hay necesidad de que me felicites ni las saturnales romanas, ni las fiestas de Yule vikingas. No por nada, que los romanos molan y los nórdicos me caen estupendamente con tanto frío… Es que yo no soy romano, ni vikingo, ni celta…

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Y tú tampoco, amigo mío. Posiblemente, la última vez que usaste la palabra “solsticio” fue en un examen del colegio (dada mi edad, allá, por la EGB), y solo la escuchas dos veces al año en el telediario. En las “fiestas” en general, lo único que te hace vivir que lo son es el no ir al trabajo y/o darte un homenaje. Y, por supuesto, jamás habías oído a hablar de las saturnales hasta que lo dijo Sheldon en “The Big Bang Theory”, en un episodio fantástico… No te digo “na” de las Yule porque ni sabrás lo que son.

Simplemente, es la moda. La moda de no aceptar el origen cristiano de la celebración que vives en la actualidad. Porque los que tuvieron que heredar las saturnales lo hicieron en Antioquía, en el 386 (año arriba, año abajo), y esos sí que tenían una herencia anterior. Los que se hinchaban a comer al llegar el invierno para aprovechar las matanzas, dejaron de tener que hacerlo cuando se inventaron las zonas refrigeradas de las casas (no te digo nada de cuando llegó el frigorífico). Y los que metían ramas verdes en casa para pedir que volvieran a reverdecer los árboles tras los días de nieve hace muuucho tiempo que dejaron de ser supersticiosos.

Pero tú me felicitas las saturnales porque no quieres meter la religión en estas fechas. Me parece estupendo, ni en estas ni en ninguna. La religión es de ámbito privado, no debería inmiscuirse en lo público. Claro que, visto así, las vacaciones de Navidad molan tela, y la paga, más aun. También es divertido, aunque agobiante, ir de compras, preparar regalos, recibirlos… en tu caso, supongo, son “regalos civiles”, como las bodas, ¿no? Aun así, tal vez deberíamos tener solo tres días de descanso, con motivo del fin de año, o alrededor del 21 de diciembre, para celebrar el cambio, y ya está…

Pero ¡no! Hombre, hay que llevar a los niños a ver belenes, y la Cabalgata de Reyes…

Supongo que la explicación a los niños de ese Belén es “una familia poco afortunada y una mujer salida de cuentas antes de tiempo”, porque otra plausible se me escapa, amén de tener que explicar a tus hijos por qué esa familia es famosa… Puede que en unos años pongamos en el pesebre a Greta y así matamos dos pájaros de un tiro…

Y lo de los Reyes, un marrón, imagino. A ver cómo le doy regalos al niño aprovechando la publicidad de hace 90 años de la chispa de la vida, porque, claro, tampoco vamos a tirar de San Nicolás… y si aprovecho al de rojo, luego ¿cómo me llevo a los niños a lo de los Reyes? Bueno, como se apellidan “magos”, pues podemos hacer magia de varias formas…

Podemos modernizarnos y que sean reinas. Como las de los dibujos animados, pero empoderadas; o las infantesas, que además de tener un nombre que da grima, tiene contenido político. También tendremos que eliminar el contenido de los presentes porque ¿quién sabe hoy para qué leches servía la mirra? ¿eso se comía? O mejor, vamos a despojarlos de la magia… en lugar de ser algo misterioso, oculto, que maravilla a los niños por su extrañeza y sorpresa, vamos a exhibirlos pornográficamente durante tres semanas. Si tu colegio tiene Reyes magos, el mío también. Y con un negro de verdad, no pintado… aunque hayas optado por un colegio sin clases de religión… Si tu empresa tiene unos Reyes magos, mi Hermandad tiene Reyes y pajes. Y todo ello anunciado a bombo y platillo, que los vean bien los niños. Que reconozcan en el colegio, o en la empresa o en la Hermandad al vecino de cuatro casas más abajo… Muerto el misterio, no se necesitan explicaciones.

No, amigo mío. No me felicites las saturnales ni el solsticio ni la chispa de la vida ni los grandes almacenes ni la fiesta de la infantesa. Yo celebro el Nacimiento de Dios. Eso me llena de alegría y de Esperanza. Es un regalo que me llega del Cielo, no tiene ideología más allá de la Misericordia, y lo celebro porque lo agradezco. Y si quieres, lo comparto contigo, porque es el espíritu de las Fiestas. Pero no, no me felicites las saturnales…