img_4941  LA MIRADA DE JOSE MIGUEL MARTIN PELEGRIN

Esta semana, la ministra de empleo Fátima Báñez, anunciaba lo que a mi entender es un precipitado mensaje sobre el que habría que hacer una pequeña reflexión. La afirmación era, abro comillas “Es el momento de que los salarios acompañen a la recuperación del empleo”, pidiendo a los empresarios que aprovechen el buen momento de la economía para “acompasar” los salarios al crecimiento.

Rápidamente, el presidente de la patronal CEOE, Juan Rosell y las principales plataformas sindicales se han hecho eco de la indicación de la ministra para arrimar el ascua a su sardina y poner una cifra a la intención. Para la CEOE hay que hablar de entre un 1% y  2% de subidas generalizadas, mientras que los segundos deslizaban en sus valoraciones la cifra del 3% como objetivo a conseguir.

A mi triste  entender, y lo lamento, como trabajador por cuenta ajena que soy, esta intención de subir los salarios es cuanto menos precipitada, imposible de aplicar de forma generalizada y supondría dar algunos pasos hacia atrás.  La última reforma laboral permitía a las empresas descolgarse de los convenios colectivos sectoriales si la realidad económica  de la misma así lo requería, y aunque en la práctica sólo un pequeño porcentaje de estas se alejan de los compromisos de su sector, es una puerta y una posibilidad que no debemos cerrar. 

Hay una variable que hay que tener en cuenta a la hora de subir  los salarios y no es el crecimiento económico, la inflación o el aumento de la contratación sino la productividad.  Los salarios no deberían subir por encima del incremento de la productividad, o lo que es lo mismos la subida en la nomina de un trabajador debería ser como mucho igual al aumento de valor que su trabajo aporta a la producción de su empresa y de esa manera no estaremos perdiendo competitividad.

Por este motivo decretar subidas del 2% ó el 3% o referenciados al PIB o a la inflación pueden avocar a las empresas a perder la ventaja competitiva obtenida en los últimos años de moderación salarial, y por tanto, al retorno a situaciones de perdidas.

Luego entonces, ¿Cuando nos llega el turno a los trabajadores? ¿Cuando podremos recuperar el poder adquisitivo perdido en los últimos años?

Siento creer, que la recuperación de nuestras nominas  va a ser muchísimo más lenta de lo que en su día fue la perdida y será casi una circunstancia más personal que general, va a depender de los sectores en los que nos encontremos y si son generadores de valor añadido como lo es por ejemplo la industria, sectores tecnológicos, e I+D o no.

Mientras la contratación y el crecimiento económico de nuestro país provengan de la hostelería o el turismo, en donde mayoritariamente se compite con el precio frente a otros mercados extranjeros con menores costes de estructura y el margen sea tan escaso, me temo, que las posibilidades de subida de salarios son muy limitadas.

En nuestro país tras la caída de la construcción que causó la crisis, no ha surgido ningún otro sector generador de tanto empleo o crecimiento y diez años después seguimos confiando en el ladrillo y en el turista para tirar de nuestra economía. Lamentablemente, por este camino hay pocos mecanismos para traducir la mejora en el PIB en mejora de salarios ya que escasamente somos capaces de trasladar el alivio que nos da, el crecimiento en creación de empleo.

A lo mejor, y mientras se produce un cambio de modelo productivo en el que nuevos sectores alcancen un nivel de crecimiento suficiente para tirar de la economía,  el alivio de nuestros bolsillos y la recuperación del poder adquisitivo de las familias debería venir del lado de una reducción en la presión fiscal.