El exalcalde de Sevilla Manuel del Valle Arévalo ha fallecido la noche del jueves a los 81 años de edad después de que en los últimos días se agravase la leucemia que le fue diagnosticada el pasado otoño. Del Valle, que gobernó la ciudad entre 1983 y 1991, era un político discreto que prefería los hechos a las palabras. Pese a mantener durante toda su trayectoria una exquisita moderación —que los asesores de imagen de hoy denominarían «perfil bajo»—, comandó sin embargo la mayor transformación de Sevilla en la era moderna, ya que fue responsable de la planificación y ejecución en gran parte de las obras que modernizaron a la capital andaluza con motivo de la Exposición Universal de 1992.

Para ello tuvo que aprobar en 1987 un nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) —el anterior databa de 1964— y replantear toda la estructura viaria y de ferrocarril de la ciudad. Pese a esta tarea hercúlea el PSOE decidió no presentarlo a la reelección en 1991 y optó por Luis Yáñez, maniobra que supuso para Del Valle una notable decepción que jamás hizo pública. Tras su paso por la Alcaldía el político socialista estuvo vinculado a diversos organismos de la ciudad como la Fundación El Monte, que presidió; el Patronato del Alcázar o la plataforma Unión Cívica del Sur de España (Civisur), que busca crear un eje Sevilla-Málaga capaz de liderar el sur de Europa y de la que fue copresidente. El pasado mes de septiembre el alcalde, Juan Espadas, le nombró alcaide del Real Alcázar, labor que desempeñaba hasta su fallecimiento.

Manuel del Valle pertenecía al grupo de jóvenes sevillanos que se harían con el control del PSOE en Suresnes, en 1974. Amigo de juventud de Felipe González, Alfonso Guerra o Manuel Chaves, fue el autor de la celebérrima «foto de la tortilla» en los pinares de Puebla del Río, que realizó con la cámara de Pablo Juliá. Pertenece, por tanto, al PSOE que los propios veteranos socialistas denominan como «del Antiguo Testamento», un partido progresista en lo social pero con un arraigado sentido de Estado y de la integridad territorial.

El propio Del Valle no ocultó en los últimos años su distanciamiento con la deriva actual del PSOE, en el que nunca dejó de militar. El pasado diciembre, en una entrevista con ABC, reconocía sin ambages que «esta gente (en referencia a Pedro Sánchez y los actuales dirigentes socialistas) van a destruir el partido. Aunque yo creo que destruido ya está».

Pese a este estrecho vínculo con lo que entonces era el núcleo de poder socialista, Del Valle no marchó a Madrid con el triunfo de 1982 y desarrolló su trayectoria en Sevilla. De hecho, cuando Felipe González llega a la Moncloa Del Valle ya era presidente de la Diputación (de 1979 a 1983), siendo el primer dirigente de este organismo en democracia. Asimismo fue senador por la capital andaluza entre 1979 y 1982.

El gran momento político de Del Valle llegó en 1983, cuando lideró la lista del PSOE a la Alcaldía de Sevilla. Logró mayoría absoluta, sustituyendo en el cargo al andalucista Luis Uruñuela. En junio de 1987 fue reelegido, aunque en esta ocasión con mayoría simple. Del Valle prefirió no alcanzar ningún pacto de gobierno con otras fuerzas políticas, enfrentándose a un segundo mandato complejo en el que fue pactando con unos y con otros cada medida que se aprobaba en el Consistorio.

El gran reto de su etapa fue, sin ninguna duda, la transformación de la ciudad para acoger la Exposición Universal de 1992, que obligó a renovar todas las estructuras urbanas. La herramienta clave para ello fue el PGOU de 1987, en el que se incluyó la SE-30, los nuevos puentes, la estación de Santa Justa y el nuevo trazado del ferrocarril, entre otras cuestiones. La proliferación de obras le supuso un importante desgaste de imagen y se le conoció popularmente como «Manolito del Bache», que apelaba al mal estado de la calle Torneo, a cuya reparación se opuso porque iba a ser reformada íntegramente para la Expo. La gran fustración de Del Valle fue no poder amortizar políticamente esta travesía del desierto, ya que su distanciamiento de Alfonso Guerra le costó no repetir como candidato en beneficio de Luis Yáñez. Del Valle no pudo inaugurar la Expo, un privilegio que correspondió a Alejandro Rojas Marcos.

Pero Del Valle siempre fue elegante al referirse a este amargo episodio, señalando que la decisión fue compartida. Hombre discreto, durante su mandato como alcalde poca gente sabía que desde 1976 vivía en una casa de la cooperativa del Colegio de Abogados en el Polígono de San Pablo, que sólo abandonó hace unos años. Descanse un paz un político de los de antes. De los que añoramos.

Hombre discreto y gran conversador, Del Valle siguió la política en los últimos años desde cierta distancia y con esasas apariciones en los medios de comunicación. La declaración del estado de alerta por el coronavirus impedirá que sus compañeros de partido puedan despedirle.