MARTES SANTO. SAN BENITO. FOTOS: JESUS SPINOLA. ARCHSEV

Por JAVIER MACÍAS /PASION_EN_SEVILLA

Ayer el sevillano se sentía foráneo jugando en casa. Era el mismo escenario pero todo había cambiado. Ni con «El Programa de ABC» éramos capaces de cuadrar bien un itinerario para ver las cofradías de una jornada que resultó ser extraordinaria, tanto en el tiempo -con un sol de justicia-, en el horario -acabó cuadrado el reloj en la Campana-, como en los incontables momentos inéditos que se vivieron. Los hermanos mayores, libres de complejos, decidieron buscar una solución con un golpe en la mesa: la Carrera Oficial a la inversa, cambios de orden en la nómina y de recorridos. Y no fue fácil, porque la decisión se ha criticado con dureza. Pero, finalmente, lo vivido ayer les ha acabado dando la razón porque, después de muchos años, el Martes Santo -o el Santo Martes, como muchos le han denominado-, ha encontrado la horma de su zapato. Y, lo que parecía el envés, finalmente ha resultado ser el haz.

Comienzo clásico

Las primeras horas del Martes Santo fueron como siempre. La mañana en el Cerro fue apoteósica. Lo que se vive en ese barrio es indescriptible. Sólo hay que mirar a los balcones para ver a las señoras mayores sentadas con sus colgaduras, arrancando incluso los geranios que con tanto mimo cuidan para lanzárselos a la Virgen de los Dolores. Aprieta el sol, pero aún no hace calor. La temperatura es más que agradable a eso de la una de la tarde. Es curioso, pero los comercios tradicionales de Afán de Ribera están abiertos. La carnicería de José Cobo y sus chicharrones vende bocadillos a dos euros y medio con la bebida. La Cocina de Águeda tiene el cartucho de pavía a tres euros. Ayer los comercios del Cerro hicieron su particular agosto. Pero todo se para con la Virgen de los Dolores. Al llegar a la calle Aragón, no había un vecino que no tuviera los ojos empapados en lágrimas cuando comienzan a llover pétalos en el primer balcón, y así toda la calle.

Un refrigerio y un montadito. Y para San Esteban, que es la siguiente. Este año salía antes, por lo que a muchos no le dio tiempo a ver la salida. Quizá por eso estaba tan llena la Alfalfa. El paso de misterio llega a Jesús de las Tres Caídas con compás, elegante. Este paso ha encontrado también el camino, con Mariano Falcón al frente. Muy elegante, sale de costero a costero y avanzando fino al frente. «Mira qué guapo han puesto al ‘Perra Gorda’», se escucha la voz de una mujer deleitada con los nuevos ropajes. De fondo, por Águilas, ya se vislumbra el palio de la Virgen de los Desamparados. Suena «Coronación» del Cerro cuando alcanza la confluencia de la calle Amistad. Precisamente eso, amistad entre las cofradías, es lo que ha dado el resultado exitoso de este Santo Martes.

Nada cambia de momento. En los Caños de Carmona, el misterio de San Benito. Junto a las Tres Caídas de Triana, el paso que más expectación despierta por su andar. Suena «Y en la Calzá lo presentaron» y Luis Montoto se viene abajo cuando el Pilatos avanza poderoso. En el segundo acueducto, una mujer se acerca con su hijo paralítico y un ramo de flores. El capataz lo pone delante, le levanta el faldón, y llama a sus hombres: «Esta levantá va por Carlos, para que el Señor lo cuide siempre». Eran las cinco y cuarto y el sol empezaba a causar estragos.

MARTES SANTO. SAN BENITO. FOTOS: JESUS SPINOLA. ARCHSEV

En ese momento, la calle San Fernando es un solarium. La poca sombra que hay es la que ofrecen los naranjos, y ya no se cabe. Sale el Cristo de la Buena Muerte y el contraluz es espléndido. La silueta del Señor con el sol de fondo y en todo lo alto es inconfundible. La cofradía se hace más larga que nunca. Hay algún mareo. Mientras la cruz de guía llega a la Catedral, el palio aún no ha salido. A eso de las seis y media, suena por fin el «Gaudeamos igitur» y el palio de la Virgen de la Angustia sale flechado hacia la Puerta de Jerez. En ese momento, todo el mundo tenía claro qué hacer.

Los Jardines de Murillo

Quienes veían San Benito por Águilas o la Florida o la salida de los Estudiantes se reunieron en los Jardines de Murillo para vivir el primer momento cumbre de la jornada. La Candelaria recuperó un itinerario sentimental por donde pasa cada año pero que, en este Santo Martes, cobró verdadero sentido. Allí se congregaron familias enteras, y no niñatos con botellas. Se llenó hasta la bandera y, sobre todo, la luz. La Candelaria es la luz, como la que entró por la malla del palio de San Nicolás desde que enfiló el Paseo Catalina de Ribera. En el bosque verde de los jardines, muchos descubrieron el verdadero color de las bambalinas, como un trampantojo que se confundía con la arboleda. Suena «Madre Hiniesta» y la gracia del movimiento hace brotar una lágrima en la mejilla de este cronista, que maduró cruzando la frontera de ese jardín de flores, como tantos niños de San Nicolás. Ayer, los Jardines eran un parque infantil. No quiso perdérselo el hermano número 3, que volvió a salir para revivir una estampa que guardaba en el blanco y negro de la memoria. Ayer, la almena del Alcázar, no fue frontera de la madurez, sino de la ilusión.

 

La atardecida

Comienza el carrusel de momentos inéditos. Cuando cae la tarde, por el Arenal vuelve el Cerro con todo su barrio, justo cuando la de San Nicolás se recrea en su jardín. El Dulce Nombre sale con todo el sol encima, en un momento para la historia. Del júbilo de la Candelaria, a la austeridad de los Javieres, que viene por San Juan. En ese momento está saliendo el Cristo de las Misericordias de Santa Cruz. El público que se congrega en la Plaza del Pan para ver salir por Alcaicería la cruz arbórea que guía a los de Omnium Sanctorum está despistado. «¿Pero por dónde va, por el centro de la plaza o pegado a la fachada trasera del Salvador?». El diputado de cruz marca el camino y la cola que en ese momento se forma en la heladería artesanal se diluye. Se acabaron los helados, que lo que viene es serio. La hermandad de los Javieres se quitó la solana de la Alameda. La cambió por la penumbra de la tarde, mucho más apropiada para esta cofradía.

Un lunar, sólo uno

A eso de las ocho y media de la tarde sucede lo que ya se sabía: que San Esteban iba a tener que comprimirse hasta la extenuación entre San Pedro -por donde pasa Los Javieres- y Laraña -para que de Orfila a Cuna cruce la el Dulce Nombre-. Fue el único lunar de una jornada extraordinaria en todos los sentidos de la palabra. Todo el público que estaba viendo San Esteban y los Javieres se fue para el Salvador. En un pispás, allí no cabía un alfiler para ver pasar la Bofetá. En ese momento, el Pilatos ponía bocabajo la Campana. Decía Fran López de Paz en la radio que hacía años que no se vivía un delirio similar en este punto «inicial» (ayer de salida) de la Carrera Oficial. Y, como contrapunto, mientras se perdía por el Duque la Presentación al Pueblo, se levantaba al final de Cuna el misterio de Jesús ante Anás. Poderoso, de una chicotá, recorre el pasillo central del Salvador. En el Martes Santo del revés, la imagen de este Cristo que va de espaldas era muy simbólica. Por Cuna, suena «Saeta Cordobesa» para la Virgen del Dulce Nombre, ya con la noche encima. Le tiran pétalos desde los balcones y, en el envés de ese paso, el manto restaurado es una auténtica maravilla, más aún con la saetilla final de la música de Gámez Laserna.

El palio se aleja y se forma otro tapón. La gente sigue despistada: «¿Pero cómo va a venir por Orfila ahora San Benito?». Se escucha. Se forma un guirigay en la calle Cuna con Cerrajería. Casi todos van en busca del Pilatos, unos para Santa Ángela y otros para Laraña. No cabe un alfiler en ese momento en el Centro de Sevilla. El Cristo de los Estudiantes está por el Arenal ya con la noche encima. Otro momento inédito. San Esteban aprovecha y corre, tanto, que la cruz de guía llega una hora antes a la iglesia. Lo mismo le ocurre a la de la Universidad, que planta su cruz de guía antes de tiempo.

En Carrera Oficial el día va como un reloj. Santa Cruz sale de Campana a las 22.10 horas , como estaba mandado. Al diputado mayor de gobierno de San Benito, los de la presidencia del palio le dan la enhorabuena. La cofradía ha cumplido, con lo difícil que es meter 1.700 nazarenos y tres pasos en hora. Suena «Consuelo gitano» en la esquina de Orfila con Laraña, y de nuevo forma un lío el Pilatos.

La noche

Si hubo una premisa importante por la cual llegaron a este acuerdo los hermanos mayores del día, además de para eliminar los cruces conflictivos y la masificación en la Alfalfa, fue para que las últimas del día entraran a una hora prudente. Se consiguió. La noche se quedó mucho más íntima. La ciudad se volcó en ese prime time desde las siete hasta las diez de la noche pero, ya cercana la medianoche, se despobló el Centro.

El misterio de San Esteban anda por una Plaza de Pilatos casi vacía. Algo nunca visto. Pero, quizá, eso hizo que la madrugada del Martes Santo se quedara para los cofrades más selectos. La vuelta de Santa Cruz por la plaza de la Alianza, pese a no ser un momento inédito, volvió a ser uno de los platos fuertes de la noche. Los Javieres de regreso por la calle Guadiana, también.

Si la ida de la Candelaria fue hermosa, la vuelta no se quedó atrás. El recorrido por Cuna, el Salvador, la Cuesta del Rosario y la Alfalfa fue un goce, porque además ya no había tanto público como el que se concentró dos horas antes con el Dulce Nombre.

Precisamente, la de San Lorenzo, volvió a congregar a la multitud de fieles que cada año ven entrar la cofradía, en la oscuridad de la plaza, que es un clásico de la Semana Santa. A las 2.45 horas se cerraban las puertas de la parroquia y se acababa un día histórico.

Fue un Martes Santo para el recuerdo, que quién sabe si volverá a repetirse. Lo que sí está claro son dos cosas: que pese a los detractores, la Carrera Oficial a la inversa puede arreglar esta jornada y quizá alguna otra. Y, también, que quien viera ayer la entrada de las últimas cofradías, hoy Miércoles Santo está más descansado que nunca. La apuesta salió «cara».