img_4941  LA MIRADA DE JOSE MIGUEL MARTIN PELEGRIN

Poco a poco se deshoja la margarita de la última reforma fiscal del gobierno y, cuando aún no hemos terminado de asumir o entender todos los cambios y sus implicaciones, nos encaminamos hacia la reforma laboral.

Esta  reforma que nos la están vendiendo ya como llena de bondades por la mera legitimidad, mal entendida que otorga el estar consensuada con varios partidos, como si se  tratara de una indulgencia plenaria pre-luterana comprada con la convicción de que pagando nos libraremos del purgatorio ( léase, desempleo o precariedad laboral).

¿Alguien se ha preguntado sobre la eficacia de las medidas al margen de la justificación de estar aceptada por varios partidos?  Puede que ahí esté el problema, el que todos la asuman como aceptable sin valorar su contenido. A lo mejor el resultado es la suma de la cobardía o impotencia de unos, la equivocación de otros y la complicidad de  terceros con tal de estar en la mesa.

También ha sido prácticamente aceptado por todos, el poder gravar con el impuesto de sociedades las pérdidas de las empresas. Sí, las pérdidas de las empresas, de facto se gravan al eliminar la posibilidad de compensar bases imponibles negativas de ejercicios anteriores reduciendo, por tanto, las posibilidades de recuperación de estas, obligando a endeudarse al minorar su tesorería precisamente cuando comenzaban a salir de la crisis.

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Ha sido aceptado igualmente por todos, el incremento de impuestos que supone la eliminación de los topes máximos en las bases de cotización a la Seguridad Social a la hora de calcular la cuota a pagar, asumiéndolo como medida necesaria para prolongar en el tiempo la agonía del sistema de pensiones, sin adoptar medidas de verdad  y todo con el pasaporte diplomático del consenso, pero una vez más, sin entrar en el fondo de la cuestión.

Poco a poco y gracias a la ambigüedad del gobierno, a los intereses de la oposición  y la complicidad del resto, vamos asumiendo postulados socialdemócratas, o directamente socialistas como verdades absolutas, en los que el sector privado y los planteamientos liberales van siendo claramente encorsetados, realidad que ya está obligando a varias instituciones  la revisión a la baja del crecimiento para 2017.  Pero de acuerdo todos, siempre de acuerdo.

Pues sigamos consensuando pero sin actuar de verdad, sin valentía, a ver quien acaba pagando la deuda,  el gasto y el bienestar social.  Me temo, que muy probablemente, serán en unos meses los ciudadanos de a pie quienes lleguen también al consenso, pero esta vez  de que se ha evolucionado hacia la imposibilidad de crecer, hacia la inflexibilidad del mercado laboral,  el desempleo  y finalmente  la pérdida de igualdad.