LA MIRADA | CARLOS MORILLAS

La canción con la que Alfred y Amaia irán a Eurovisión, que ganó con el 43% de los votos de seguidores de OT , consigue trasladar al espectador a la atmósfera que la pareja de artistas (y el programa de Gestmusic) ha ido creando durante todos estos meses. Tu canción es un tema de amor, de nuevos enamorados, de una relación que nace y no se puede ocultar. Y ese es, precisamente, el mayor de los peligros de esta apuesta eurovisiva. Huele a chamusca desde lejos. Mecha encendida…

El dúo de cantantes tiene que viajar a Lisboa en mayo de este año para representar a España, entonces habrán pasado exactamente tres meses y medio desde su victoria en la gala de elección de la canción. Y quizás, en todo ese tiempo, lo que ha sido una relación de amor inocente alejados del ruido mediático y de las redes sociales, pueda convertirse en otra cosa. Buff, vértigo, representando a todo un país.

Y todo en un Festival donde sólo hay una oportunidad para conseguir el voto del jurado internacional y del público, los dos deberían preservar sus sentimientos de forma inmarcesible o ser grandísimos actores. Complicada empresa con esas edades.

No es una crítica baladí. Es tan importante lo que se canta y el cómo se canta. La canción compuesta por Raúl Gómez, que ya ha dicho que “desde que les vi en City of Starts lo tuve claro”. Es decir que la canción no cuenta una historia de amor cualquiera: cuenta SU historia de amor. Y como desaparezca el amor, desaparecerá la magia. Y otra vez la hecatombe, el desafinado…y al meme.

Hay otro problema -más delicado de tratar si cabe- en todo este asunto y es la ansiedad que sufre Alfred y que le ha apartado incluso del primer pase de micros. Su afección, que padecen millones de personas en nuestro país, no le incapacita para participar en Eurovisión pero sí que puede suponer un contratiempo. Sin embargo, nadie duda de que el joven catalán sabrá superar los problemas y, si se da la posibilidad, pisará con fuerza el escenario en Lisboa. 

Al margen de esto, la ‘balada’ escogida chorrea almíbar por todos lados. Merengazo en toda la cara que no va a funcionar. No. Pastelón eurovisivo. 

En serio, ¿qué concepto se aplica para escoger esa canción y esos artistas? En la circunstancia que atraviesa la música en nuestro país, y en España debería hacernos reflexionar… Siete notas que suena demasiado a negocio: y eso no es música. Es otra cosa…

No quedan programa de música. Los de antes. Afinan bien los ‘chavales’ -pero no es suficiente- porque los hay que además de afinar, llevan años  gastando neumáticos por las carreteras de España. Yo quiero el latigazo musical de Oscar Linares (Malos Pelos) y los suyos: Quiero verdad sobre el escenario, y horas de estudio de cada instrumento, y muchos cables recogidos… Quiero pasión en cada nota, y la descarga propia de cuando se escucha un directo que te levanta de la butaca. Espectáculo. Emoción. Tener que respirar después del último acorde porque me haya dejado sin aliento lo escuchado. La desnudez en letras escritas desde el alma; de quien se deja la vida por sonar más y mejor.

A mí no me esperen frente a la tele eurovisiva, porque estaré donde SIENTA LA MÚSICA.